Durante mucho tiempo, el jardín, el porche o la terraza se entendían como un complemento de la vivienda. Hoy ocurre justo lo contrario, y es que para muchas familias, los espacios exteriores son una parte esencial del hogar.
En una vivienda de lujo, el exterior no se diseña al final del proyecto. Se concibe desde el primer boceto, con el mismo cuidado que el salón, la cocina o los dormitorios.
Porque cuando interior y exterior se conectan de forma natural, la casa cambia por completo.
Un porche bien diseñado no es solo un lugar para poner una mesa y unas sillas.
Es el espacio donde desayunar un domingo sin prisas, donde alargar las sobremesas de verano o donde sentarse al atardecer después de un día de trabajo.
Cuando está bien orientado y conectado con la zona social de la vivienda, se convierte en una estancia más del hogar.
Uno de los recursos más utilizados en la arquitectura contemporánea es hacer que el paisaje forme parte de la vivienda.
Los grandes ventanales permiten que el jardín esté presente incluso cuando estás dentro de casa. Además de aportar una gran cantidad de luz natural, crean una continuidad visual que amplía la sensación de espacio.
El resultado es una vivienda más abierta, luminosa y conectada con su entorno.
No todos los jardines tienen la misma función.
Hay familias que buscan una zona de juegos para los niños. Otras prefieren un espacio tranquilo donde leer o disfrutar de una comida al aire libre. También hay quienes imaginan una piscina, una cocina exterior o un rincón para reunirse con amigos.
Por eso, el jardín debe responder al estilo de vida de quienes lo van a disfrutar, no a una idea preconcebida de cómo debería ser.
Muchas veces son los pequeños espacios los que terminan convirtiéndose en los favoritos de la casa.
Una ducha exterior para los meses de verano. Un banco junto al jardín donde tomar un café. Una zona de sombra para leer. Una chimenea exterior para las noches más frescas.
Son detalles que no siempre aparecen en una lista de imprescindibles, pero que aportan comodidad y hacen que la vivienda se disfrute mucho más.
Cada parcela ofrece una oportunidad diferente.
La orientación del sol, las vistas, la vegetación o el desnivel del terreno influyen directamente en el diseño de la vivienda.
En lugar de imponer una arquitectura al entorno, un buen proyecto busca integrarse en él, aprovechando todo aquello que hace especial ese lugar.
Cuando esto ocurre, la casa deja de estar simplemente construida sobre una parcela para formar parte de ella.
Los espacios exteriores no están pensados únicamente para el verano.
Un porche protegido, una iluminación bien planificada o una buena conexión con el interior permiten seguir disfrutándolos en cualquier estación.
La clave está en diseñarlos para que resulten cómodos y funcionales más allá de los meses de buen tiempo.
En QCasa entendemos que una casa no termina donde acaba el salón.
Por eso, cada proyecto se diseña teniendo en cuenta la relación entre la vivienda y su entorno, creando espacios donde el interior y el exterior se complementan de forma natural.